28 sept 2010

Encontrandome en un estado un poco más coherente de la mente, aún así con muchas inquietudes el ideas que van y vienen en mi materia gris, me propuse seguir escribiendo para salir un poco de la rutina y dejar de pensar solo en lo que me dicen que piense.

Cada noche, el minúsculo filosofo que vive sentado en mi silla turca habla y habla y habla, me quita el momento previo al sueño si no le atiendo inmediatamente. Por tal motivo, decidí no ignorarlo y prestarle la atención que le he negado todo este tiempo.

Nuevamente trataré de plasmar lo que discutimos y sacare esa nube de humo que exhala mientras grita pensamientos sabios que recolecta a lo largo del día.

Son tantas las cosas que nos incitan a pensar durante el trayecto de las horas, que en ese momento no logramos captarlas, solo al encontrar la tranquilidad de la almohada, la inmensa nube de pensamientos opacos se va tornando clara y deja caer en forma de lluvia fresca las palabras precisas de lo que queremos expresar.

Sin pensarlo, solo escribí lo que encontré en mi lluvia interna de hoy; que no se trata más que lo que pienso sobre que pasa cuando pienso ¿fácil no?

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